
El alcohol ha marcado mi vida, bueno la mia no puesto que no me he dejado ahogar en el mal vino.
Esta vida hay que beberla en sorbitos de cristal pero no en bricks de vino del Mercadona; os aseguro que son con los que te puedes pillar el pedo más grande de tu vida.Y no porque sea aficionado a los botellones pero os tendré que poner en antecedentes.
Mi madre tiene 6 hermanas todas féminas, nacieron todas juntas y en este caso si revueltas en una aldea donde el adjetivo de España Profunda lo califica mejor que ningún otro.
Su llegada a este mundo coincidió con el final de la postguerra y para que su vida no viera la luz la enlazaron con el franquismo.
Cuando os siga contando comprobareis que la realidad supera la ficción, creo que es muy cinematográfico, tanto que podemos relacionarlo con Siete novias para siete hermanos o Seven.
Os preguntareis porqué?
Tres de las hermanas se casaron ambas con tres hermanos, y aunque el mundo es un pañuelo no fue esta la razón. La razón es la envidia.
La envidia de querer lo mismo lleva a las personas a veces a límites insospechados hasta de competir entre hermanas para casarse con el hermano de tu marido o ser la primera en quedarse embarazada o incluso planificarse para ser la primera en traer un retoño al mundo.
Seguramente esto no sea algo nuevo para vosotros puesto que tampoco es algo retorcido pero para mi cada hecho y cada deshecho han ido destruyendo mi vida como una torre de Babel por lo que he decidido intentar reconstruirla poniendo la tierra por medio y el mar de frente.